Prostitution in Cuba
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    Empinar el codo, deporte nacional

    Empinar el codo, deporte nacional
    IVÁN GARCÍA | La Habana | 27 Mayo 2014 – 12:43 pm.
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    La OMS coloca a Cuba en una situación favorable en cuanto a consumo de
    alcohol. ¿Quién puede contabilizar los rones caseros purgados con carbón
    o excremento de vaca?

    Las cosas le iban bien a Ricardo. Ganaba suficiente dinero traficando
    alimentos robados en un hotel cinco estrellas. Cada sábado, al caer la
    tarde, con un grupo de amigos se sentaba en un bar de la Avenida del
    Puerto, frente a las sucias aguas de la bahía de La Habana.

    “En un día malo me buscaba no menos de 100 dólares. Tenía resuelto el
    problema de la comida en casa y no me faltaba lo esencial para que mi
    familia viviera desahogadamente. Por hobby comencé a beber, para
    alejarme del aburrimiento. Fue gradual. Comencé con varios socios,
    bajándonos dos cajas de cerveza Cristal. Después, estábamos hasta doce
    horas empinando el codo. Terminaba en el hotel y me iba a beber.
    Invitaba a cualquiera. A veces gastaba los 100 o 150 dólares que por la
    izquierda me buscaba en cada jornada”, cuenta Ricardo.

    Las fiestas nocturnas fueron subiendo de intensidad. Jineteras, bazucos
    de marihuana y cocaína, regados con exceso de cerveza clara y ron añejo.
    En el otoño de 2011, Ricardo perdió el trabajo. Pero la dependencia al
    alcohol siguió cuesta arriba.

    “Cuando gasté el dinero ahorrado en bebederas y vacilones, comencé a
    vender ropa y los electrodomésticos de la casa. Me separé de mi esposa.
    Dormía en un portal o edificio deshabitado. Toqué fondo. Una mañana, mi
    padre cargó conmigo para la consulta de alcohólicos anónimos del
    Hospital Clínico Quirúrgico”, confiesa Ricardo.

    Ahora sigue un tratamiento y cree que está a tiempo de encaminar su
    vida. Olga, psicóloga especializada en casos de alcoholismo y
    drogadicción, señala: “Tenemos una realidad política y económica que
    ahoga a muchos ciudadanos. Entonces se rinden ante el alcohol o las
    drogas. No siempre las consultas son efectivas. Uno de cada tres recae
    con más fuerza en sus vicios”.

    Lo que las estadísticas no ven

    Según la Organización Mundial de la Salud, Chile es el primer país de
    América Latina con mayor consumo de alcohol per cápita. Entre 35
    naciones del continente, Cuba aparece a la mitad de la tabla, en el
    lugar 15, con 5,2 litros de alcohol al año.

    “Si fuera así, estaríamos bien. Es probable que en el caso de Cuba esa
    estadística se refiera solo a las bebidas que se venden en moneda
    convertible. Aquí se toma por todo y a toda hora. Cualquier cosa es un
    buen pretexto para beber ron o cerveza”, apunta la psicóloga.

    Especialistas sanitarios de la Isla reconocen que el consumo de alcohol
    alcanza cotas peligrosas.

    En el verano de 2013, en una Mesa Redonda televisiva titulada “El
    alcohol encima de la mesa”, el doctor Ricardo González, director del
    Servicio de Adicciones del Hospital Psiquiátrico de La Habana, admitió
    que “el alcoholismo no es un fenómeno relacionado con personas de
    actitudes marginales”, si no que se trata de un fenómeno extendido a
    toda la población, con preocupante incidencia entre los jóvenes.

    El alcoholismo o dipsomanía se encuentra entre las diez primeras causas
    de muerte en Cuba. Los expertos reconocen que en los últimos 20 años el
    consumo de bebidas alcohólicas ha aumentado considerablemente.

    Un estudio efectuado por un equipo multidisciplinario del hospital
    Carlos J. Finlay, asegura que 9 de cada 10 suicidas son alcohólicos. La
    dipsomanía también causa muertes por riñas callejeras, envenenamientos,
    accidentes de tránsito, cáncer gástrico, cirrosis hepática y
    pancreatitis hemorrágica, entre otras.

    Según cifras oficiales, un 45% de la población cubana mayor de 15 años
    consume bebidas alcohólicas. En Cuba los bebedores se pueden clasificar
    en tres grandes grupos: ocasionales, sociales y adictos. También de
    acuerdo a su status económico.

    ¿Añejo o ‘Bájate el blúmer’?

    Mientras los cubanos solventes toman solo cerveza importada o nacional
    de calidad superior, ron añejo Caney, Santiago o Havana Club Reserva 7
    años, un segmento grande de la población bebe cerveza infame de cuarta
    categoría, ron de baja calidad y en el mejor de los casos Planchao, una
    cajita de cartón de medio litro de ron blanco que se ha transformado en
    la bebida más popular, pues cabe en cualquier bolsillo.

    Luego están los alcohólicos incurables que beben el trago de los
    olvidados. Un ron casero que se purga con carbón industrial o mierda de
    vaca. Tienen una colección de nombres, algunos bastante folclóricos:
    Bájate el blúmer, Chispa de tren, Hueso de tigre, Se acabó el abuso o El
    colirio de los guapos.

    La habanera Mercedes se dedica a la venta de ron casero en su casa: “Yo
    vendo desde medio litro a 10 pesos, a una botella en 20. Un vaso cuesta
    5 pesos. En una semana vendo hasta 40 botellas”.

    Nelson es uno de sus mejores clientes. Come poco y mal, en cualquier
    fonda hedionda o restos de alimentos en latones de basura. Se baña
    cuando se acuerda y duerme encima de cartones, en el pasillo de un
    edificio en el barrio de La Víbora. Su barba raída y sucia le ha dado
    sustos: al verse en el espejo ha llegado a creer que es otro hombre.

    Siempre anda con un botellín plástico en el bolsillo trasero de un
    pantalón remendado. Junto a un grupo de mendigos, desde que sale el sol,
    beben con parsimonia pequeños tragos de ron casero. Ganan un poco de
    dinero chapeando canteros o vendiendo artículos viejos y libros de uso.

    La vida de Nelson es un dramático círculo vicioso. Alcohol, comer algo,
    dormir unas horas y, de nuevo, el buche de alcohol.

    Pipa y circo

    El régimen de Fidel Castro propició una siniestra subcultura alcohólica.
    No hay un solo municipio que por lo menos no tenga una pipa para vender
    cerveza a granel. En cualquier acto de apoyo al gobierno, se monta la
    pachanga donde no falta la venta de ron y cerveza.

    Las fiestas populares de los pueblos en la Cuba profunda se han
    convertido en música estruendosa, quioscos con ofertas de fiambres y
    pipas de ron y cerveza de baja calidad, cuyo único fin es emborrachar a
    la gente.

    Luego orinan en plena calle, hacen el amor en cualquier recodo o inician
    broncas a machetazos cuando es excesivo el alcohol consumido. En bateyes
    perdidos de la geografía isleña, donde una vez existieron centrales
    azucareros, muchos pobladores, como piratas, beben a pulso un alcohol
    pendenciero que te saca lágrimas de los ojos.

    En la capital y otras ciudades, detrás del glamour de bares privados o
    en divisas, climatizados y con precios de infarto, encuentras
    cochambrosos cafetines estatales, donde los alcohólicos consuetudinarios
    desahogan sus penas y frustraciones.

    Esos cafetines abren a las nueve de la mañana. En ellos se vende el peor
    ron posible y un brebaje con un sabor parecido a la cerveza. Sitios en
    tierra de nadie. Fuera del alcance de cualquier estadística.

    Source: Empinar el codo, deporte nacional | Diario de Cuba –
    http://www.diariodecuba.com/cuba/1400452607_8630.html

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