Prostitution in Cuba
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    Nuestra violencia de cada día

    Nuestra violencia de cada día
    FERNANDO DÁMASO | La Habana | 16 Abr 2014 – 9:13 am.

    La sociedad cubana se ha vuelto violenta. La pobreza y la falta de
    libertades generan una tensión permanente.

    La violencia, directa o indirectamente, forma parte hoy de la vida de
    los cubanos. La practican niños, jóvenes, adultos y hasta ancianos,
    tanto de uno como de otro sexo. La violencia hace acto de presencia en
    hogares, escuelas, institutos y universidades, en centros de trabajo y
    de recreación, comercios y hasta en el deporte, y se refleja con crudeza
    en la literatura, el teatro, la música, la plástica y el cine.

    Se dirá que siempre hubo violencia. Es cierto. Pero antes estaba
    focalizada en determinados sectores políticos, en el gangsterismo y en
    los espacios marginales. La sociedad cubana, como tal, no era violenta.

    Hoy hablamos de una sociedad violenta.

    Causas puede haber muchas, pero sin lugar a dudas, entre las principales
    se encuentra la situación de pobreza que afecta a la mayor parte de la
    población, obligándola a tener que luchar por la subsistencia sin
    esperanzas de progreso. También el deterioro y la pérdida de la
    disciplina social y del respeto mutuo, la falta de moral ciudadana (la
    doble moral es simplemente ausencia de ella), la carencia de libertades
    básicas y la corrupción.

    Todo lo anterior conforma un caldo de cultivo propicio para el “sálvese
    quien pueda”, del que pocas personas logran escapar.

    A lo anterior debe agregarse que, desde sus inicios, el castrismo ha
    utilizado la violencia como arma ideológica y política contra sus
    opositores. Ya en el temprano 1959 grupos de jóvenes de la entonces
    Juventud Socialista y del 26 de Julio, se organizaron para enfrentar y
    disolver, de manera violenta, las pacíficas manifestaciones políticas y
    religiosas. Esta vergonzosa tarea pasó después a manos de la Asociación
    de Jóvenes Rebeldes (AJR) y, posteriormente, de la Unión de Jóvenes
    Comunistas (UJC). Las actuales Brigadas de Respuesta Rápida y los
    “mítines de repudio” contra quienes piensan diferente de la línea
    gubernamental, constituyen su prolongación más sofisticada, ahora bajo
    la dirección y el control de los órganos represivos.

    La violencia actual, verbal y física, presente las 24 horas del día,
    aunque nadie la desee, tarde o temprano involucra a todos: en un ómnibus
    del precario transporte urbano, en un comercio en moneda nacional o
    convertible, caminando por una acera rota o en un estadio de béisbol.
    Bochornoso resulta el ya habitual espectáculo de los peloteros de
    diferentes equipos, ofendiéndose o agrediéndose físicamente ante una
    jugada controversial. Producto de la tensión en que se vive, el control
    se pierde con suma facilidad y, de las ofensas iniciales, se pasa al
    empleo de las palabras groseras y, de ahí, a la agresión. El esquema se
    repite demasiado ante la indolencia de las autoridades y de la población.

    Ante estas situaciones, los representantes del orden público
    generalmente no están presentes o procuran no estarlo, apareciendo solo
    al final, más preocupados por el control político de los ciudadanos que
    por prevenir la violencia y los actos delictivos. Al menos, esta es la
    opinión de la mayoría de los cubanos de a pie, pues ya en cualquier
    calle y cualquier barrio se comercializan drogas, se practica la
    prostitución, se juega a la “charada” y a la “bolita”, se apuesta en
    todos los eventos deportivos, principalmente en el béisbol y el boxeo,
    se celebran peleas de perros y se ejecutan decenas de actividades
    ilegales ante la inercia o la tolerancia cómplice de las autoridades.

    Los últimos llamados a restablecer el orden social, a rescatar valores
    perdidos y a desterrar las groserías y la violencia, para que sean
    efectivos deben ir acompañados de hechos que involucren a toda la
    sociedad, sin distingos ideológicos, políticos, religiosos o sexuales.
    Nadie pide más represión, máxime conociendo que, por lo regular,
    nuestras autoridades tienden a extralimitarse. Lo que desea y exige la
    ciudadanía es que cada quien asuma sus responsabilidades y las cumpla, y
    que se acaben de introducir sin más dilaciones los cambios económicos,
    políticos y sociales necesarios para salir de la crisis nacional,
    permitiendo a los cubanos desarrollar sus iniciativas para lograr una
    vida mejor, dejando atrás las tensiones, presiones, absurdos y
    frustraciones que engendran la violencia.

    Source: Nuestra violencia de cada día | Diario de Cuba –
    http://www.diariodecuba.com/cuba/1397632406_8163.html

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