Prostitution in Cuba
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    La otra Cuba

    La otra Cuba
    BERTRAND DE LA GRANGE | La Habana | 2 Mar 2014 – 9:46 am.

    La Habana visitada después de cinco años: ‘Los jóvenes ya no hablan de
    Fidel Castro y muy poco de su hermano Raúl. No esperan nada de ellos.
    Los dan por muertos.’

    Después de cinco años sin pisar tierra cubana descubro el mismo país que
    se cae a pedazos, pero también una nueva realidad esperanzadora: la
    sociedad intenta vivir como si los hermanos Castro ya no estuvieran en
    el poder. Mientras el régimen da palos de ciego con sus reformas para
    “actualizar el socialismo” —tarea imposible—, los cubanos de a pie se
    buscan la vida por su cuenta y se aprovechan del desconcierto de la
    cúpula para ganar, poco a poco, pequeños espacios de libertad.

    Es innegable que los trámites de entrada en Cuba se han agilizado. El
    Estado está sediento de divisas y, para no incomodar a los turistas, los
    funcionarios ya no se eternizan con la revisión de los pasaportes. Los
    viajeros no se libran, sin embargo, de las máquinas de rayos X que
    detectan los aparatos electrónicos prohibidos (routers para internet,
    celulares sofisticados, micrófonos inalámbricos, etcétera).

    La terca realidad vuelve unos metros más adelante cuando llega el
    momento de cambiar los dólares o los euros. Durante su estancia en la
    Isla, la mayoría de los extranjeros no tendrá en sus manos un solo peso
    cubano. Todas sus compras se harán en CUC, el peso convertible, que
    equivale a 24 pesos cubanos. La casa de cambio estatal, la Cadeca,
    entrega 0,87 CUC a los que cambian dólares. Aquí empieza el robo a mano
    armada, ya que el Estado grava el cambio del dólar con un impuesto del
    13%. Claro, siempre se puede obtener un “descuento” con el custodio de
    la Cadeca que se ofrece para cambiar a una mejor tasa.

    Los cubanos están confrontados todos los días a la corrupción: a cambio
    de mordidas, los policías hacen la vista gorda ante las innumerables
    infracciones cometidas por los ciudadanos en un país plagado de
    prohibiciones; y estos, por una simple cuestión de supervivencia, se
    pasan la vida sustrayendo bienes del Estado para reciclarlos en
    actividades privadas. Y sin embargo, en una entrevista publicada en el
    diario Juventud Rebelde, la Contralora General, Gladys Bejerano, se
    jacta de que “Cuba es un ejemplo a nivel mundial en el enfrentamiento a
    la corrupción. […] El único país que lleva los reportes con un registro
    detallado de los hechos, más que con cifras”. La realidad demuestra que,
    si reporta los casos, no los corrige.

    La lengua de madera sigue a la orden del día, tanto en la administración
    como en la prensa, controlada al 100% por el poder. La Feria
    Internacional del Libro de La Habana, que ha concluido el 23 de febrero,
    es la mejor ilustración del estancamiento intelectual de la cúpula
    dirigente. Los cubanos ávidos de literatura extranjera de calidad
    coinciden en que esta feria ha sido la peor de todas. “No he visto un
    solo libro de Mario Vargas Llosa y de autores de su talla”, se quejaba
    una visitante, que se sorprendió también ante la ausencia de las
    editoriales extranjeras, con excepción de las más afines al Gobierno cubano.

    En cambio, sí llegaron los intelectuales latinoamericanos cercanos al
    régimen de La Habana, empezando por los representantes del “pensamiento
    moderno argentino”, que no dudaron en calificar a Cristina Kirchner de
    “presidenta extraordinaria”. Tampoco faltó la última obra de la
    incombustible defensora del marxismo leninismo, la chilena Marta
    Harnecker: En busca de la vida en plenitud, dedicada al presidente
    ecuatoriano Rafael Correa.

    Además, el diario Granma anunció con orgullo “una tirada masiva” para la
    reedición de una compilación de documentos de Che Guevara “que
    constituye un texto básico para las nuevas generaciones desde el punto
    de vista cultural, político e ideológico”. Para rematar el esperpento,
    se presentó una enésima edición del célebre texto de Fidel Castro, La
    Historia me absolverá, ahora en versos…

    La Feria del Libro es uno más de los síntomas de la incapacidad del
    régimen para romper con el pasado. La vieja cúpula, que lleva más de
    medio siglo en el poder, sigue poniendo parches, como lo hacen los
    cubanos con sus autos de los años 50 y sus edificios sin pintar en décadas.

    El contraste entre la calle y esa dirigencia congelada en el tiempo es
    asombroso. Los jóvenes ya no hablan de Fidel Castro y muy poco de su
    hermano Raúl. No esperan nada de ellos. Los dan por muertos. Se las
    ingenian para resolver las dificultades, conseguir lo imposible en un
    país donde coexisten las penurias de todo tipo (alimentos de calidad,
    papel higiénico y, sobre todo, libertad) y la abundancia relativa,
    reservada a los que disponen de CUC, la moneda que abre las puertas.

    Todos se desviven para conseguir CUC, unos por la vía legal de una
    licencia cuentapropista, que autoriza ciertas actividades privadas,
    otros por la vía ilegal, que incluye el jineterismo (prostitución). Sin
    embargo, más allá de la preocupación por los aspectos materiales, se
    nota un cambio de actitud de los jóvenes.

    Blogueros, artistas o músicos se montan sus foros alternativos. La
    estética ha cambiado: jóvenes con crestas, otros con tatuajes. Los gays
    y los travestis se pasean por las calles o atienden puestos ambulantes,
    como esa pareja que vende bisutería en la antigua Plaza de Armas. Por
    cierto, en el puesto de al lado, un librero de viejo vendía abiertamente
    varias obras oficialmente prohibidas: Mea Cuba, de Guillermo Cabrera
    Infante, y Milagro en Miami, de Zoé Valdés.

    Source: La otra Cuba | Diario de Cuba –
    http://www.diariodecuba.com/cuba/1393719108_7405.html

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