Prostitution in Cuba
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    Jineteras en Cuba – El origen

    Jineteras en Cuba: El origen
    Antonio Ramos Zúñiga
    diciembre 19 18:02 2013

    Siempre hubo prostitución en Cuba, desde la colonia. El negocio floreció
    a principios del siglo XX gracias al kamasutra de las rameras
    francesitas, como aquella legendaria Rachel. Pero la historia del
    bayuseo cubiche se conoce suficientemente, no así la del jineterismo
    socialista, que es un misterioso claroscuro en la semántica surgida con
    el castrismo. Lógicamente, en sus inicios la revolución abolió el
    sexo-servicio (burdel, chulo y meretriz), considerado lacra burguesa, a
    la par que perseguía a las putas, proxenetas y homosexuales.

    De los años sesenta a los ochenta del siglo pasado, millones de cubanos
    solteros, con las hormonas a mil, como quien dice, tuvieron que colgar
    el sable, o mantener su “conducta impropia” en el clóset o la posada.
    Por supuesto, en el clóset todo seguía igual. Y en los muelles del
    puerto también, donde las “mujeres de la vida” pescaban estibadores,
    marineros griegos y la sífilis exótica de la nueva clientela soviética.

    Llegó el cambio, asere

    Pero, ¿qué pasó después del Festival Mundial de la Juventud en 1978?
    ¿Qué vueltas dio la vida cuando los cubanoamericanos exiliados llegaron
    mariposeando con la pachanga liberada, y cuando cierto turismo
    preferentemente español –y los mexicanos, nicas, argentinos,
    canadienses, más las visitas en masa de los artistas e intelectuales
    “compañeros de viaje” aliados de la Revolución–, comenzaron a gozarse a
    las buenas hembras tropicales que le salían al paso en el malecón, la
    Rampa, la plaza de la Catedral, los vestíbulos hoteleros, y en
    dondequiera que olía a dólar y ofrecían el paraíso de la Cuba de postcard?

    Nota 1: Jinetera, según la Real Academia Española. f. Cuba. Prostituta
    que busca sus clientes entre extranjeros.

    Fue el licenciado Pepe Coppelia, un jodedor de barrio, el pachá de la
    vida, quien me dijo lo que pasó: “Llegó el cambio, asere, el apetito
    sexual, la putería moderna, el destape”.

    Jineteras del Apocalipsis

    En 1980, cuando millares de cubanos asaltaron la embajada de Perú y
    cientos de miles protagonizaron el éxodo del Mariel, ya Pepe ideaba la
    forma de ganarse la vida a costa de una novia sexy y fondilluda que
    creía en el “amor libre a la cubana” predicado por su gigoló bisnero.
    Aquella Luli de 19 años que se casó con un francés rico, de setenta.
    Hacia 1985, Pepe había triunfado y me confesó: “Mi negocio es buscar
    maridos extranjeros para mis nenas, nada de singueta vulgar”.

    Nota 2: El jineterismo existe, con su xenofilia implícita que lo
    particulariza, pero no es un fenómeno generalizado como algunos
    pretenden inferir. Es un mal social micro minoritario y, sin dudas,
    polémico, con matiz histórico-ideológico. Pero no una metástasis en la
    sociedad total. Por el contrario, la mujer cubana de todos los tiempos
    ha sido siempre un ejemplo de grandeza moral y cívica en medio de los
    peores desafíos existenciales y políticos.

    Y con ese cuento arrastró seguidoras, mulatas, blancas y negras,
    estudiantes, amas de casa y doctoras, a quienes jamás les llamó putas,
    sino sus “jineteras del Apocalipsis”. Pepe tenía tacto, labia, manejaba
    divisas y sabía donde colarse a buscar clientes para su harén. Con su
    inglés básico había hecho “sociales” en las embajadas africanas y
    europeas, hasta en la de China y en la Sección de Intereses
    norteamericana, pero también tenía algún conecto que le mandaba pipis
    dulces españoles que buscaban “mujeres chapadas a la antigua”, listas
    para el matrimonio, o inversamente la dolce vita orgiástica.

    En 1987, Pepe me regaló una revista Novedades de Moscú y habló de
    vientos de cambio, del potencial del cine porno y de su ídolo, el dueño
    de la revista Playboy, el “maceta” más fornicador y feliz del mundo. Por
    primera vez se quejó del malecón lleno de “jineteras por cuenta propia”,
    amapolas del montón, carne de bayú barato. Le extrañó que le hablara de
    libre competencia, capitalismo popular, feminismo, democracia sexual.
    “Carajo, eso no existe aquí, yo inventé este negocio y me quieren
    joder”. Inventó la jinetera, quiso decir, la nueva prostitución, la caza
    de extranjeros, la vagina ilustrada, automática y soñadora. ¿Y de dónde
    sacaste esa palabra, ese cubanismo intrigante y pecador que anda de boca
    en boca?, le pregunté. Y esta fue su versión: “Es que jinetear es un
    arte cubano del movimiento, mis muchachas son artistas jineteras en la
    cama, ya sabes, a qué hombre no le gusta ser caballo, mis clientes pagan
    por la cabalgadura, no pueden con esos brincos”.

    Nota 3: ¿Existe Pepe Coppelia? Desde luego, por allá sigue, aunque niega
    ser el inventor del mito de Andrómaca.

    Tan simple todo, la posición de la monta, la cabalgata, el molino. Pepe
    sin duda debió haber inventado la palabra, fue al primero que se la oí,
    aunque digan que fue Pito Pérez, Cheo Malanga, Tres Patines, el
    Caballero de París, la mitología griega. Aunque sea cierto que hace más
    de dos mil años la mujer del príncipe troyano Héctor comenzó a brincar y
    gritar como loca encima de su marido, mientras los esclavos se
    masturbaban tras las puertas, de lo cual nació la posición de Andrómaca,
    génesis de la aventura sexual cubana.

    Source: “Jineteras en Cuba: El origen | Neo Club Press Miami FL” –
    http://neoclubpress.com/jineteras-en-cuba-el-origen-121927751.html

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