Prostitution in Cuba
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    Carne barata

    Publicado el viernes, 10.25.13

    Carne barata
    ALEJANDRO RÍOS

    Una funcionaria cubana vuelve a trivializar la prostitución en Cuba
    reconociendo que sigue siendo una tarea pendiente su erradicación aunque
    asegura, como para restarle importancia, que no opera mediante redes
    sino de un modo espontáneo e independiente, no forma parte del
    cuentapropismo, diríamos.

    Recuerdo haber estado en México a finales de los años noventa cuando
    Fidel Castro no tuvo el menor reparo para banalizar el mismo asunto y
    llamó a las prostitutas cubanas las más cultas del mundo.

    El año pasado fue Mariela Castro, en visita al Barrio Rojo de Holanda,
    quien elogió lo que allí se hacía en sentido laboral y, con la idiotez
    que la caracteriza, declaró que en Cuba una mujer podía hacer sexo con
    un plomero a cambio de arreglar cierta rotura pero después dejaría de
    practicarlo porque no le gustaba.

    También habló de ese enorme mercado sexual a cielo abierto que es el
    malecón habanero, como un problema social, sobre todo por la molestia
    que ocasionaba al turismo y a otros ciudadanos, el asedio constante de
    las prostitutas.

    Como suele ocurrir en los procesos radicales, donde la puesta en escena
    tiene más valor que la solución a una crisis, poco después de 1959, los
    barrios de tolerancia y otros sitios donde se practicaba el viejo oficio
    en la isla, fueron clausurados y las meretrices redimidas mediante el
    estudio.

    Se sabe que desde entonces la prostitución pasó a ser underground en los
    barrios y emergieron, poco después, como atildadas call girls para
    satisfacer la buena vida de la nomenclatura e incluso con el fin de
    “entretener” a los generales que hacían guerras en otros continentes.

    Con la apertura al turismo, la dolarización y el país que tocaba fondo
    en el llamado período especial, durante la caída libre del socialismo
    europeo, se entronizó la figura de la jinetera devenida, desde entonces,
    suerte de criolla obsesión.

    La prensa investigativa internacional y el cine nacional, tanto el
    documental como el de ficción, han abordado el tema de la prostitución
    en Cuba hasta el delirio, porque sus características resultan ser muy
    específicas y singulares y no son una entidad marginal, como suelen ser
    en otras sociedades, sino integrante esencial del sostén familiar,
    circunstancia que ayuda a explicar muchas otras inoperancias económicas
    y educacionales del sistema.

    Si Cuba fue alguna vez el prostíbulo de Estados Unidos, como gusta
    enunciar la propaganda oficial, hoy parece ser un burdel cosmopolita,
    destino del turismo sexual, con todos sus avatares, drogas y muertes
    incluidas. Desestimarlo mediante la política de avestruz de la
    funcionaria o con el desdén de la clase gobernante, distante de las
    miserias humanas que ellos mismos han provocado, no ayudará en ningún
    sentido a la búsqueda de una solución sensata en un futuro próximo o lejano.

    Hace muy pocos días la publicación polaca Gazeta Wyborcza se dio una
    vuelta por La Habana, volvió a abordar el tema y regresó con unos
    testimonios desgarradores. Llama la atención como esposos, novios y
    otros familiares aceptan que sus mujeres salgan a “luchar”, mientras
    ellos facilitan la operación dentro de lo posible. “Somos la carne
    barata de la revolución”, dice una de las víctimas del trasiego. “Yo
    cobro $50 por sexo clásico y $80 por otras modalidades. Pero hay
    muchachas que aceptan menos de $30”.

    “Jorge es el único hombre que he amado realmente”, agrega la
    entrevistada sobre este desconcierto ético y moral. “Actualmente es mi
    esposo, pero todo lo que siento por él es lo que debe sentir una
    prostituta por su chulo: desdén. Hay días que me asomo al balcón, miro
    hacia abajo, y me imagino estrellándome contra la calle”.

    Source: “ALEJANDRO RIOS: Carne barata – Opinión – ElNuevoHerald.com” –
    http://www.elnuevoherald.com/2013/10/25/1598638/alejandro-rios-carne-barata.html

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