Prostitution in Cuba
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    Una discusión extemporánea

    Una discusión extemporánea
    [24-09-2013]
    Alberto Medina Méndez

    (www.miscelaneasdecuba.net).- El debate sobre la despenalización de las
    drogas sigue teniendo plena vigencia, pero la controversia en el tiempo
    viene quedando fuera de sintonía. Indudablemente se trata de un asunto
    complejo, con múltiples facetas. Es fácil caer en lugares comunes, el
    intercambio de débiles argumentos y el infaltable fatalismo al que la
    sensibilidad del tema convoca.
    Es innegable que la cuestión tiene gradaciones y que el término “drogas”
    podría incluir a todas, muchas o pocas. Además, la legalización puede
    involucrar distintas etapas tales como el consumo, suministro y producción.

    Los debates sobre el tema, que son encarados desde lo político,
    científico y moral, siempre son parciales y muchas veces caen en la
    trampa de asumir una linealidad que no se condice con la diversidad que
    la realidad propone.

    Tal vez sea algo audaz afirmar que el presente dice que se alterna con
    lo PEOR de ambas situaciones. Hoy se sufren todas las desventajas de la
    despenalización y ninguno de sus posibles beneficios. Al mismo tiempo se
    visualizan con claridad todos los inconvenientes que se derivan las
    prohibiciones legales y ninguna de sus probables ventajas.

    La inacción y la reacción tardía, han generado una inexorable elección
    social. Es que cuando no se toman decisiones, también se resuelve. La
    omisión implica siempre una postura que tiene irremediables
    consecuencias y no como suponen algunos, que la espera puede resultar
    gratuita.

    Los críticos de la despenalización dicen que su implementación aumentará
    el consumo y aseveran que esto será más contundente en los más jóvenes.
    No parece razonable creer que la mera legalización creará nuevos
    adictos, ni hará que los actuales aumenten sus dosis. Los mercados
    ilegales son muy eficientes en la distribución y suponer que la norma
    les pone límites es no entender al mercado. Por otra parte, no existen
    personas decididas a usar drogas que ya no lo hayan hecho, solo por la
    amenaza legal. Hoy quien quiere consumir lo hace, incluidos los
    adolescentes. La barrera de acceso no es la ley que lo prohíbe. Malas
    noticias para quienes defienden esta postura. Hoy el consumo goza de una
    virtual despenalización.

    La contracara de este fenómeno, es que las legislaciones que
    criminalizan al consumo, arrojan a los individuos adictos a una
    estigmatización social y al mismo tiempo, les impiden la posibilidad de
    ser contenidos dentro del sistema de salud para su imprescindible y
    deseable recuperación.

    Un adicto es, bajo las reglas actuales, un criminal y por lo tanto no
    puede ser asistido ni ayudado por el sistema, siendo literalmente
    empujado al abismo e invitado a circular por los márgenes de la sociedad
    en cuanto proceso de clandestinidad exista, junto a las mafias, el
    crimen organizado, la prostitución y el juego ilegal. No parece ser lo
    que la sociedad, en su habitual hipocresía, declama cuando dice
    preocuparse por este flagelo.

    Si se quiere reducir el consumo indebido de drogas no se debe combatir
    la oferta sino desalentar la demanda, y esto parece difícil de refutar
    frente a la abultada evidencia al respecto. Mientras existan interesados
    en consumirlas no habrá política que pueda impedir a la oferta cumplir
    la parte que le toca.

    No menos importante es dar el debate moral sobre la libertad de cada
    individuo para elegir su destino, lo que incluye la posibilidad de hacer
    algo inconveniente para sí mismo. De eso se trata, de la libertad como
    valor fundamental y el derecho a la vida como eje central.

    Se podrán elegir políticas graduales o más duras, de mayor o menor
    intervención, pero no se evitará que la humanidad coexista con sus
    adicciones. A lo sumo ira mutando de unas a otras. Creer en algo
    diferente es desconocer la esencia del individuo y sus eternas debilidades.

    No se dice nada nuevo si se afirma que el tema es realmente difícil y
    que mucho de lo expresado puede ser exagerado, demasiado absoluto o
    hasta falaz, pero es bueno saber que el debate seguirá abierto y que
    abordarlo desde una óptica engañosa poco ayuda a resolver la cuestión de
    fondo.

    Abundan argumentos desde muchas aristas para avanzar en el intercambio
    de ideas, pero si no se comprende que el presente muestra que se convive
    ya con las peores consecuencias de la despenalización y con los más
    repudiables defectos de la criminalización, seguirá siendo esta una
    discusión extemporánea.

    Source: “Una discusión extemporánea – Misceláneas de Cuba” –
    http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/52414d0f3a682e0b4464a0b7

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