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    La desesperanza de un pueblo

    La desesperanza de un pueblo
    [29-08-2013]
    Jorge Alberto Liriano Linares
    Preso en la prisión Cerámica Roja, Hablemos Press

    (www.miscelaneasdecuba.net).- La Habana.- A escasos días de mi
    excarcelación, y luego de tanto vagar por las calles haciendo contacto
    con el pueblo de a pie; con ese hombre o mujer que cada mañana abandona
    su hogar para emprender su desenfrenada lucha por la subsistencia, me
    veo obligado a dedicarle éste, mi primer artículo en “Libertad”, a la
    desesperanza que sufre el pueblo cubano; porque lo cierto es que uno de
    los principales problemas sociales que existen en el país es la
    desesperanza, sobre todo en la juventud.
    Para la mayoría de los jóvenes la única opción interesante es abandonar
    el país. Este sueño incluye a casi todos; desde los hijos de los
    dirigentes del gobierno, hasta los más pobres y necesitados.

    Una pobreza sin esperanza, en la que viven inmersos las nueve décimas
    partes de la población cubana, agravada por las prohibiciones absurdas y
    por la persecución y acoso contra cualquier actividad privada.

    Para sobrevivir, los cubanos violan las leyes día tras día; unos roban,
    o adquieren ilegalmente las mercancías; otros, las compran clandestinamente.

    A todo este entuerto hay que agregarle las venturas y desventuras del
    transporte, la alimentación, la corrupción y el burocratismo imperante
    entre los funcionarios gubernamentales; la “mordida” de la policía
    corrompida, las drogas, el alcoholismo, la delincuencia y la prostitución.
    Entre los muchos problemas sociales que aquejan al pueblo cubano, la
    falta de vivienda es quizás el más agobiante, y también el de mayores
    presiones; el déficit habitacional del país es uno de los tantos
    secretos que el Estado mantiene bien ocultos.

    A la larga lista de penurias hay que agregar los altos índices de
    desempleo, los bajos salarios y el alza de los precios de muchos
    productos de primera necesidad.
    En fin, mis andares sólo arrojan una ineludible confirmación: El país,
    cada día está peor; nada ha cambiado; incluso, puedo decir que quizás
    hayan más problemas ahora, pues la represión es mayor.

    -¿Qué ha cambiado en la nación?, Le pregunté a un grupo de jóvenes
    reunidos en un parque, y la respuesta fue unánime: “La situación está
    cada vez más mala; si algo ha cambiado es para peor”.

    Por supuesto, hay ciudadanos que creen a pie juntillas que Raúl Castro
    está abriendo el camino a un cambio democrático, pero son los menos;
    casi todos de la tercera edad. Y mientras echan una partida de dominó en
    la esquina de la barriada, auguran confianza en la voluntad reformadora
    de la tiranía, y hasta creen el cuento de que se van a emprender
    reformas económicas al estilo de China o de Vietnam; es decir, aperturas
    económicas controladas.

    No es de dudar que esto pueda ocurrir; aunque sería más de lo mismo,
    claro está. El problema reside en que son muchos –principalmente la
    juventud- los que piensan que esto no es suficiente.

    Las ansias de libertad y democracia cada día son más crecientes para los
    pinos nuevos. Se impone el desarrollo, las nuevas tecnologías, y el
    derecho a una vida a la altura de la civilización y el modernismo. La
    época de pensar con el estómago va quedando atrás, entre las ruinas
    dejadas a su paso por la dictadura Castro-comunista.

    A cada paso, por las calles y su entorno, vislumbro un pueblo sin
    esperanzas; un pueblo hastiado y desfigurado por el rigor del tiempo, de
    la pobreza, de la necesidad; que a hurtadillas va perdiendo el miedo de
    hablar, pensar y sentir; aun cuando le hayan robado el alma, la memoria
    y todo cuanto tenían o eran.

    Pero en este recorrido, me faltaba conocer el sentir de los trabajadores
    por cuenta propia sobre la apertura tan vitoreada por el régimen, y
    encaminé mis pasos hacia los lugares donde laboran estos trabajadores
    independientes; pero cuál no sería mi sorpresa al constatar la
    indignación de muchos, y la desilusión y la desesperanza de otros.
    La mayoría coincide, al afirmar que el gobierno los volvió a engañar,
    cobrándole exorbitantes cifras por conceptos del impuesto anual; normas
    y parámetros desconocidos, que a última hora dieron al traste con los ya
    tradicionales rejuegos y métodos de doble rasero que ponen al desnudo la
    ambición y los abusos de poder de la dinastía castrista.

    En resumen, muchos de los que ayer encontraron una vía de empleo y
    subsistencia, hoy se sienten estafados y se aprestan a soltar las
    ataduras del cuentapropismo cubano.
    Sin lugar a dudas, es la desesperanza de un pueblo en un país donde ha
    llegado a sus extremos la corrupción, el latrocinio y el derrumbe ético
    de la sociedad; es el descontento de la población, mientras una minoría
    satisfecha -que disfruta y controla el régimen político- continúa
    dándole la espalda al pueblo y exacerbando la miseria y las
    desigualdades sociales.

    Sólo nos queda una alternativa: La lucha se avecinan tiempos difíciles,
    complejos y trascendentales, y tenemos que luchar por deshacernos de la
    tiranía. No hay cambio, ni lo habrá, mientras los castro y sus
    seguidores continúen en el poder.

    Source: “La desesperanza de un pueblo – Misceláneas de Cuba” –
    http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/521f3cfa3a682e0ee0f8b490

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