Prostitution in Cuba
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    La soledad

    La soledad
    Martes, Junio 11, 2013 | Por Camilo Ernesto Olivera Peidro

    LA HABANA, Cuba, junio, www.cubanet.org – Siempre que llega el fin de
    semana en la derruida capital de Cuba, las opciones recreativas son
    numerosas pero inalcanzables para la mayoría. Sin embargo, los sitios
    donde se presentan artistas bendecidos por la denominada “farándula del
    dinero”, se llenan.

    Por otra parte, la Avenida de los Presidentes, también llamada “Calle
    G”, se repleta con el ir y venir de cientos de adolescentes de los más
    diversos estratos sociales. En la esquina de G y 23 se ubica una pequeña
    cafetería llamada “Las Bulerías”, con ventas en CUC, la moneda dura que
    todos quieren mucho y pocos tienen suficiente. Allí recalan desde
    jóvenes estudiantes extranjeros hasta nacionales con una sentido de la
    realidad.

    En este entorno también se mueven los cazadores y cazadoras de fortuna,
    la cual puede consistir en el “ligue” con alguno de los estudiantes
    extranjeros. Igual tienen probabilidades de éxito los cubanos que anden
    mostrando su poder adquisitivo. Sin embargo, llegado el momento del
    diálogo entre chica y chico, cerveza incluida, anda cerca otro
    personaje. Si está sobre aviso, la presencia de éste no pasa por alto
    para el chico, por mucho que ella intente evitarlo. Seguramente ese
    personaje es el novio de ella, que viene jugando el papel de “cafisho”,
    y se ubica a cierta distancia para vigilar su mercancía.

    En La Habana de 2013 las apariencias engañan. La jinetera “clásica” es
    localizable hasta en sitios de internet. Pero una chica con aires de
    intelecto y conversación interesante, que podrías encontrar en cualquier
    esquina, en una cafetería, o en una fiesta, puede estar buscando
    exactamente lo mismo: dinero.

    Hace mucho tiempo que el amor y el dólar hicieron pacto de sangre en
    esta isla. Cada joven sin recursos es una posible combinación de El Gran
    Gastby con Florentino Ariza. En un país donde el dinero escasea y el
    cólera renace cada día en una zona distinta, hay pocas opciones para una
    relación de pareja seria y estable, y muchas para la soledad, si no
    estás dispuesto a pagar la tarifa.

    A propósito del tema, en una de esas noches de sábado, conversamos
    varios amigos. Entre nosotros se encontraba un recién llegado de Miami,
    quien se encargó de que no faltara la cerveza. Al poco rato, un variado
    elenco de chicas daba vueltas alrededor de nuestra mesa, como tiburones
    alrededor de una balsa. Era difícil no mirarlas, había bellezas. Dije
    para mis adentros, con profundo pesar: “Que triste espectáculo, de qué
    manera nos han arrebatado la dulzura de nuestro azúcar y el orgullo de
    nuestras mujeres”.

    Uno de los amigos en la mesa nos puso al tanto de su reciente divorcio.
    El conoció a la que fue su esposa en la Escuela de Hotelería y Turismo.
    Al graduarse, lograron montarse en la cresta de la ola, él cómo barman
    en un hotel de Varadero, y ella como capitana de restaurante en el mismo
    hotel. El amor entre ambos era inmenso y azul como el mar. Pero la cosa
    se enmarañó. Los turoperadores europeos comenzaron a ser golpeados por
    la crisis y disminuyó la llegada de huéspedes. La pareja fue enviada a
    la denominada “bolsa de empleo”, especie de reserva de fuerza laboral en
    espera de reubicación en el ramo. Comenzó a escasear el dinero, y en el
    matrimonio los días de sol se trocaron en noches de tormenta. La
    separación fue traumática pero inevitable.

    El amigo concluyó diciéndonos que ahora está más tranquilo, pero
    prefiere estar solo por el momento. Logró colocarse a trabajar en un
    hostal, en la parte antigua de la ciudad. Su ex, cuando se enteró, lo
    visitó e intentó echarle el anzuelo de la reconciliación. “Tener dinero
    te resuelve varios problemas –nos expresó- pero también te crea otros:
    ¿Cómo saber si van a estar contigo por amor o por interés, dónde termina
    una cosa y empieza la otra?”

    Todos quedamos en silencio, mientras nuestra mesa, llena de latas de
    cerveza, permanecía bajo asedio.

    http://www.cubanet.org/articulos/la-soledad/

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