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    Al pan pan y al vino vino

    Internet, Exilio, Cambios

    Al pan pan y al vino vino
    ¿Si no puedo ser cómplice de esta realidad, si no puedo cambiarla y
    tampoco puedo dejarla atrás, qué queda entonces?
    Diego Alberto Cairo, La Habana | 18/06/2013 10:07 am

    El día 6 de febrero del 2013 me armé de valor y envié mi primer artículo
    a CUBAENCUENTRO[1], y digo valor porque nunca es sencillo someter las
    ideas propias a la opinión pública. Desde entonces he colaborado con
    nueve textos más. Con mayor o menor acierto siempre he tratado de ser
    honesto conmigo mismo. En cada oportunidad he abordado temas que me
    interesan, que me preocupan o que me molestan profundamente. Siempre me
    pronuncio incisivamente porque no consigo ser creíble y natural desde
    una falsa pose intelectual.
    Aunque algunos me recomiendan que busque cierta paz de espíritu antes de
    encarar la hoja en blanco, yo no puedo redactar un artículo si no me
    hierve la sangre, si no siento en mi carne lo que digo porque el
    resultado suele ser gris y condescendiente. Nada más alejado de mí
    interés, especialmente cuando tengo que derribar puertas y murallas
    erigidas por hombres muy hábiles. Desgraciadamente hay intelectuales muy
    capaces que prestan su talento a empresas muy sórdidas y ruines.
    No soy un profesional de los medios, no domino el arte de la redacción,
    ni tengo ambiciones políticas sencillamente digo lo que pienso, como lo
    pienso y eso es todo lo que me preocupa cuando doy por terminado un
    artículo y presiono la tecla enviar. Hasta el día de hoy vivo en Cuba,
    cada jornada siento y padezco una realidad que no por habitual deja de
    ser agobiante, así que tengo mucha tela por donde cortar para seguir
    enviando mis humildes colaboraciones a este espacio de diálogo y
    confrontación. Y digo humildes con toda la intensión del mundo, no tengo
    toda la verdad ni he creído tenerla por un instante. Lo que si creo es
    que tengo el derecho y el deber de manifestarme públicamente como
    cualquier otro ser humano en este mundo.
    Si otros comparten algunas de mis opiniones para mi está bien, si
    discrepan pues también lo acepto. A estos últimos los invito a
    expresarse en este o en otros medios a su alcance.
    Probablemente muy pocos cubanos de a pie me han leído y aunque en Cuba
    se esté produciendo una “primavera con Internet” dudo que mi gente esté
    dispuesta a desembolsar 112 CUP, el salario de una semana para acceder a
    este sitio o a cualquier otro. Por eso me extrañó tanto escuchar al Dr.
    Manuel Calviño comentar en su programa de televisión “Vale la Pena” que,
    ahora el problema de administrar la economía doméstica durante las
    vacaciones no es el mismo que el de hace unos años atrás. Es decir: «ya
    no es, hay pero no te toca, o te toca pero no hay… ahora la cosa es
    ¿puedo permitírmelo, lo necesito?»[2]
    A esta pregunta yo le contestaría con otra pregunta ?¿hay como adquirir
    lo que yo necesito??. Y deseo detenerme en esta cuestión. ¿Qué es lo
    elemental que yo, o cualquier persona normal necesita? Algunos pueden
    necesitar durante el verano ir a la playa y otros practicar golf. Pero
    sin ánimo de ir a los extremos diré que para satisfacer las necesidades
    normales de la vida consistentes en: alimentación, vivienda, vestuario,
    transporte, previsión, cultura y recreación honesta, en base al precio
    de los bienes y servicios que hoy se prestan en la mayor parte del
    territorio nacional una persona normal necesita 1.877 pesos MN cada mes
    como mínimo (si incluimos una pareja de jóvenes y dos hijos habría que
    multiplicar 1.877 por cuatro para un total de 7.508 por dos meses 15.016
    pesos), y así respectivamente, aclaro esto porque detecto una seria
    deficiencia en el área de cálculo en el distinguido profesor?, el Dr.
    Calviño aconseja aumentar la productividad o hacer ahorros para estos
    meses, sobre todo ahora que en cada esquina hay alguien ofertándote algo
    «y te lo dejan más barato que en revolico[3]». ?Que ejemplo más
    simpático? pensé yo, hasta que de pronto caigo en cuenta que el Profesor
    estaba haciendo referencia al más famoso de los clasificados cubanos en
    Internet, “presillado por cierto”. Así que ya sabemos que nuestro
    eminente doctor emplea su cuenta de Internet en la Universidad de La
    Habana entre otras cosas para acceder a revolico, con la ayuda de un
    proxy[4] supongo.
    El Dr. Manuel Calviño siempre ha tratado de aliviar mediante sus
    consejos el sufrimiento de millones de cubanos duramente afectados por
    la opresión y la pobreza en que nos tiene sumidos el sistema y esa es
    una enorme responsabilidad, pero en los últimos años a jugado un triste
    papel, al emplear sus capacidades como especialista y comunicador para
    explicar las inexplicables políticas de extorsión que aplica el régimen
    sobre el pueblo trabajador.
    Me detengo a pensar que el sistema se ha dado a la tarea de ir
    eliminando las prohibiciones que tan mal lo hacen quedar ante la opinión
    pública. Ahora los cubanos se pueden hospedar en hoteles, viajar al
    extranjero sin carta de invitación ni permiso de salida, comprarse una
    casa o un carro viejo, tener su negocito y conectarse a Internet (espero
    que los servidores de ETECSA no presillen “revolico o CUBAENCUENTRO, así
    podré darle un descansito a las computadoras de las embajadas). Dicho
    así parece que hemos avanzado un mundo desde los tiempos de Fidel Castro
    hasta la fecha y esa es la triste verdad, hemos avanzado mucho hacia el
    capitalismo brutal y clasista que tanto criticamos alguna vez en el
    pasado. Ahora el problema es de otra naturaleza, o mejor dicho de la
    misma naturaleza que en el resto del mundo subdesarrollado. Si tienes el
    dinero puedes acceder a esos bienes y sino estás jodido. Se puede
    denunciar el apartheid, las prohibiciones, el abuso de poder pero no se
    puede denunciar la pobreza como método de exclusión. La pobreza es un
    mal demasiado extendido y arraigado en todo el mundo como para atender
    sus denuncias. Ya Cuba no hace la diferencia.
    De lo que se trata no es de si el orden es justo o no, sabemos que no
    hay sistemas sociales perfectos. De lo que se trata es de qué
    posibilidad tienes de tomar decisiones y sostenerlas. Yo no soy
    periodista pero decidí no quedarme callado, tampoco recibí la educación
    necesaria para ejercer mi trabajo pero decidí aprender el oficio que me
    gusta por mis propios medios y no esperar a que la oportunidad me cayera
    del cielo. Pero… ¿acaso puedo solamente con voluntad forjarme una
    fortuna, trabajando o administrando mi propio negocio honestamente?
    La respuesta encuéntrela usted mismo. Yo comprendí hace muchos años que
    no podía ser honesto, feliz y próspero viviendo en Cuba. Y así como
    respeto a los cubanos que deciden quedarse y dar la pelea respeto a los
    que se han marchado y han prosperado en otras tierras.
    A los que no respeto ni podré respetar nunca son a los que se aprovechan
    del sufrimiento y la necesidad del pueblo para lucrar. Hablo de los
    dirigentes y políticos corruptos que roban, malversan y dilapidan los
    bienes públicos empezando por Antonio Castro y terminado por los
    administradores de cada entidad.
    Hablo de los “supuestos opositores” que viven metidos en las recepciones
    y mesas buffet de los cuerpos diplomáticos. Hablo de los disidentes que
    reciben orientación y financiamiento desde el exterior, sin detenerse a
    pensar por qué luego pierden credibilidad ante el pueblo.
    Si quieren derrocar la tiranía ya sea por la vía pacífica o por las
    armas tienen que actuar con transparencia. No es un error recibir apoyo
    del exilio, Martí lo hizo, pero sí es un error buscar asesoramiento y
    financiamiento en un gobierno extranjero, de ahí a la traición va muy poco.
    Yo respeto a los emigrantes que están dispuestos ayudar a sus familias y
    a visitarlas ocasionalmente pero no respeto a los que se aprovechan de
    su situación privilegiada para venir aquí cada tres meses a ostentar sus
    riquezas y a especular con la miseria de pueblo.
    Yo respeto al empresario y al comerciante honesto pero no al estafador,
    al mercachifle y a la mula oportunista. No puedo respetar al traficante
    de drogas, ni al de personas. No puedo respetar al gigoló, ni a la
    jinetera. No puedo respetar a los arrivistas que emplean a la religión
    para hacer fortuna, que llevan la Biblia en el portafolio y a cambio la
    cartera llena en el bolsillo. Pero en especial no puedo respetar a los
    terroristas, chivatos y desertores que pululan en las dos orillas.
    Al final me cuesta mucho admitir que entre unos y otros han condenando
    al pueblo al sufrimiento y a la miseria no solo material, que de por si
    sola es enorme sino a la miseria espiritual que es aún peor.
    Por eso no me avergüenza decir que deseo con todas mis fuerzas construir
    lo que yo creo que es bueno y es sano en una tierra lejana, bien lejana
    de este triste escenario. Allí es donde está mi esperanza, mi fe y mi
    patria.
    He buscado una alternativa legal y digna para emigrar y no la he
    encontrado. He descubierto que soy un rehén del Estado y un indeseable
    para cualquier nación, incluso las más pobres del mundo. Por años he
    buscado alternativas para emigrar que no signifiquen poner en riesgo mi
    vida o la de terceros y no he encontrado cómo. ¿Luego, si no puedo ser
    cómplice de esta realidad, si no puedo cambiarla y tampoco puedo dejarla
    atrás, qué queda entonces?
    No se quejen ni se sientan ofendidos cuando expreso un poco de mi
    siempre oscuro y agobiado universo, lo único que me queda es llamarle al
    pan, pan y al vino, vino.

    [1] Solo colaboro con CUBAENCUENTRO porque envían semanalmente los
    artículos a mi buzón, no censuran mis textos y respeto el trabajo que
    realizan.
    [2] Programa “Vale la Pena” 6 de junio del 2013.
    [3] www.revolico.com sitio de clasificados para Cuba, bloqueado por
    todos lo servidores nacionales.
    [4] Proxy es una herramienta informática que sirve entre otras cosas
    para enmascarar el acceso de un usuario a determinados sitios, muy útil
    en el caso de Cuba para acceder a las páginas bloqueadas por el servidor.

    Source: “Al pan pan y al vino vino – Artículos – Cuba – Cuba Encuentro”

    http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/al-pan-pan-y-al-vino-vino-284856

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