Prostitution in Cuba
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    Niños de los pabellones

    Niños de los pabellones
    Viernes, Mayo 17, 2013 | Por Roberto Jesús Quiñones Haces

    LA HABANA, Cuba, mayo, www.cubanet.org -El art. 31, inciso f, del Código
    Penal, luego de la modificación introducida por la Ley No. 87, del 16 de
    febrero, de 1999, regula el derecho de los reclusos al pabellón conyugal.

    Desconozco si ese derecho está reconocido en otros países, aunque
    supongo que sí. Hago esta aparentemente innecesaria observación porque,
    desde hace algún tiempo, los medios oficialistas presentan como
    novedades del sistema penitenciario cubano varios derechos que durante
    más de sesenta años se han aplicado en otras partes del mundo, como por
    ejemplo, el aquí denominado Plan Confianza.

    Se trata de un derecho hondamente humano, que permite al recluso
    mantener un vínculo más cercano con su familia, específicamente con su
    pareja, algo de notoria importancia porque es conocido que los hogares
    de los reclusos tienden a romperse.

    Quienes han sufrido la desagradable y cruel experiencia de varios años
    de cárcel, saben que jamás podrán agradecer lo suficiente a su esposa el
    haber tenido la entereza de asistir a dichos pabellones conyugales y
    soportar la carga de humillaciones y groserías que lleva implícita cada
    visita de ese tipo, más si la mujer es esposa de un disidente o de un
    recluso que no resulta del agrado de las autoridades de la prisión.

    No está de más insistir en lo que le cuesta a una persona decente ir a
    una prisión, aún más si esta persona es una mujer, que va con el
    objetivo de visitar a su esposo en el pabellón conyugal, y de pronto, se
    ve sometida a revisiones corporales ultrajantes, a frases soeces de los
    presos y hasta de los militares, la mayoría de ellos personas de muy
    bajo nivel cultural y educativo.

    Los cubanos tenemos el consabido defecto de que casi nunca hallamos el
    justo medio, y, en este caso, las autoridades penitenciarias no son la
    excepción de la regla. Estoy seguro de que el legislador incorporó este
    derecho al Código Penal pensando en el fortalecimiento de la familia y
    de la relación conyugal de las personas, pero tan noble intención se ha
    visto entorpecida, porque los pabellones conyugales en las cárceles
    cubanas se han convertido en un relajo y la causa de un fenómeno que
    lejos de disminuir, se acrecienta, me refiero a los llamados “niños de
    los pabellones”.

    Este fenómeno surgió y ha proliferado por las cárceles de mujeres,
    debido a la incapacidad de las autoridades penitenciarias para aplicar
    correctamente lo que regula el inciso f, del art.31.1, del Código Penal,
    donde se establece el derecho de los reclusos al pabellón conyugal. Y
    “cónyuge”, según el diccionario de la lengua española, no es cualquier
    persona, sino el marido con respecto a su esposa, y viceversa.
    Consecuentemente, el estado conyugal se acredita con la certificación de
    matrimonio, y en caso de tratarse de una unión consensual, mediante
    sentencia judicial, o al menos para este caso, debería acreditarse con
    el aporte de las certificaciones de nacimiento de los hijos habidos de
    dicha relación, o mediante una investigación practicada por las
    autoridades del penal.

    Pero no ha ocurrido así. Y al extenderse el uso de este derecho a todos
    los reclusos, se han favorecido relaciones irregulares establecidas
    entre reclusos y reclusas, entre reclusos y mujeres de la calle, que
    otros reclusos con posibilidades económicas les proveen a los primeros,
    con el objetivo de obtener privilegios dentro de los destacamentos. Todo
    esto distorsiona el sentido primigenio del pabellón conyugal. Este
    derecho se ha convertido en un franco ejercicio de prostitución
    consentido y hasta favorecido por las autoridades penitenciarias.

    Peor aún, de esas relaciones extramaritales han surgido los denominados
    “niños de los pabellones”, criaturas que nacen sin poder contar con el
    apoyo de uno de sus padres, y que muchas veces ni siquiera llegan a
    conocerlo, debido a la precariedad de la relación establecida.

    La situación se agrava cuando la madre es también una reclusa, pues
    cuando comenzó a aplicarse este derecho, hace ya unos catorce años,
    muchas de ellas se embarazaban en los pabellones para obtener una
    licencia extrapenal alegando el parto de un hijo. Al principio, los
    tribunales concedían dicha licencia, pero ante la magnitud del fenómeno,
    han tenido que limitar su concesión a casos extremos, lo cual dio origen
    al triste espectáculo de los niños encerrados en cárceles junto con sus
    madres, niños que nacen bajo la presión cercana de los barrotes, en un
    ambiente hostil, nada propicio para su desarrollo, como si no fuera
    suficiente la otra cárcel, aparentemente sin barrotes, que les espera
    afuera.

    http://www.cubanet.org/articulos/ninos-de-los-pabellones/

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