Prostitution in Cuba
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    Utilizan a bebés en red de estafas y mendicidad a extranjeros

    Utilizan a bebés en red de estafas y mendicidad a extranjeros
    [23-04-2013]
    Jaime Leygonier

    (www.miscelaneasdecuba.net).- La Habana, Cuba. En zonas turísticas como
    La Habana Vieja, particularmente en las calles Obispo y Prado, prospera
    una red de estafa a turistas extranjeros mediante explotación de la
    mendicidad de madres con niños pequeños, industria que asocia a cajeras
    y administradores de comercios y a policías, según vecinos y una implicada.

    Incluso hay madres que alquilan a sus pequeños para esa mendicidad.

    Estas mendigas abordan a los turistas y les explican que se les acabó la
    leche porque la cuota de la cartilla de racionamiento no alcanza (lo
    cual es cierto) que no tienen nada que darles de comer a sus niños, y
    los extranjeros les compran alimentos y artículos, rara vez les entregan
    dinero.

    Cuando se alejan los compasivos turistas, la madre, que había fingido
    marcharse, regresa, entrega los productos a la cajera de la tienda,
    quien es su cómplice, y ésta le devuelve parte del dinero de la compra y
    se queda con otra parte.

    La operación la graban totalmente las cámaras de video de las tiendas y,
    en las calles, las de la Policía Nacional Revolucionaria; la ven
    supervisores, gerentes y policías, pero prosigue, al igual que la
    prostitución que en esas mismas zonas cuenta con amparo de policías
    proxenetas o cohechados.

    La mendicidad con niños empezó en La Habana desde que aparecieron
    turistas extranjeros y tiendas para ellos en que no era válido comprar
    con la moneda nacional. Los niños los asediaban pidiéndoles chicles o
    centavos.

    Pronto, padres inescrupulosos enviaron a sus niños a mendigar para
    ellos. El incremento de la miseria acrecentó la mendicidad y, no ya las
    cajeras de tiendas, !hasta el Estado explotó y explota la mendicidad
    dolarizada!: Pues muchos empleados de la industria turística carecen de
    salario y laboran hasta 12 horas por propinas.

    Por no hablar de cómo el Historiador de La Habana, Dr. Eusebio Leal,
    inventó la falsa tradición de echar monedas al pie de la ceiba del
    templete, y la mendicidad disimulada de falsas cartománticas y
    personajes carnavalescos que deambulan por la zona turística cobrando a
    los turistas $1 US dólar por posar para fotos.

    Como la imposibilidad de vivir del salario aumenta con los precios, y
    los alimentos racionados no alcanzan para comer durante todo el mes, la
    mendicidad de niños y ancianos crece, particularmente la de estas madres
    que piden leche para sus niños.

    Éstas proceden del sector social más desfavorecido y sin ayuda económica
    de familiares en el extranjero son mayoritariamente de raza negra y
    madres solteras.

    En otra sociedad serían adolescentes emprendedoras que satisfarían sus
    necesidades con su trabajo o el de su marido o su padre; aquí su
    penuria, o su deseo de acceder a migajas del Apartheid para extranjeros,
    únicamente puede satisfacerse con la mendicidad, en peligro para sus
    niños y ellas.

    Ahora que su aumento en número las hace demasiado visibles, es de
    esperar que el Gobierno según acostumbra para ocultar su verdadera
    imagen, ordene a la Policía una redada contra el problema social que él
    genera, y les aplique “castigo ejemplar” por desmentirle el discurso con
    sus miserias.

    Una muchacha que mendiga con su bebé explica: “A mí me “embulló” ”
    (animó) “una amiga que está en mucha necesidad, ella de verdad que sin
    eso se moría de hambre, no podría darle de comer a sus niños. Yo estoy
    mejor, mi mamá me da la comida y ropa que necesito, pero con ese invento
    gano para comprarle cosas lindas a mi bebé y merendar en cafeterías para
    extranjeros, me divierto y no le hago mal a nadie. Las que están en eso
    son jóvenes, casi todas negras o mulatas, muchas de La Habana Vieja,
    pero ya vienen de todos los barrios; las viejas no, esas piden de otra
    forma.

    Una aprende como tratar a los “yumas” ” ( extranjeros, particularmente
    estadounidenses): ” Hombres solos no dan na’, los matrimonios sí, muchas
    veces el hombre no quiere, pero la mujer lo obliga, le coge lástima al
    niño y a una; hay que entrarles sin que la mujer crea que una quiere
    algo con su marido; si es de España, una le dice “guapa”, “bonita”, si
    son americanos, o de otro lado, ya aprendimos a chapurrear unas frases
    en Inglés con las que les explico que se me acabó la leche para “my
    baby” porque la que dan en la bodega no alcanza, que no tengo nada que
    darle de comer – hasta hay una, algo retrasada mental, que se aprendió
    ese Inglés y gana mucho cantidad – me llevan a la tienda y me compran
    leche y algo más; a veces alguna me compra pollo, jabones y aceites para
    bebé.

    Salimos, se van, me voy por la dirección opuesta, le doy la vuelta a la
    esquina, espero un ratico, regreso a la tienda, doy a la cajera las
    cosas compradas y ella me da mi parte del dinero; y salgo a cazar a otra
    pareja de “yumas”.

    Pregunto a la muchacha si no cree que perjudica al bebé con tenerlo
    horas lejos de los cuidados del hogar, exponiéndolo al calor de la calle
    y a cambios bruscos de temperatura al entrarlo al aire acondicionado de
    las tiendas; “¿no te parece que explotas a tu bebé y a los turistas?”.

    “No, eso no es malo para mi bebé, así él pasea conmigo y come muchos
    caramelos caros que le regalan y refrescos de latica, todo por dólares,
    pocos niños pueden tener eso; no hago nada malo; y para los turistas ese
    dinero es nada, ellos tienen más, y no vendo mi cuerpo como muchas.
    Media Habana Vieja está viviendo de los turistas de una forma u otra, a
    cual peor: droga, sexo (…) Yo no alquilaría a mi bebé, pero sé de una
    madre que alquila a los dos más chiquitos (…) No, no conozco casos de
    prostitución infantil, pero existe , oí contar cosas, como de una que
    ofrece a su sobrina, niña de 10 años de edad; una vez unos “yumas” me
    propusieron algo raro con mi chiquitico, no entendí bien, no me gustaron
    y me alejé enseguida. Yo sólo pido leche”.

    http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=39186

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