Prostitution in Cuba
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    Mendicidad en La Habana

    Mendicidad en La Habana (I)
    [23-04-2013]
    Jaime Leygonier

    (www.miscelaneasdecuba.net).- La Habana.- Mi trabajo “Utilizan a bebés
    en red de estafas y mendicidad a extranjeros” trata sobre un caso
    particular dentro de un mal general económico y psicológico, que
    convendría explicar, pero cuyo análisis sería demasiado extenso.

    Explicar las causas de la mendicidad y parasitismo actual en Cuba sería
    historiar la revolución socialista de Fidel Castro, el proceso de su
    fracaso económico e ideológico, la enajenación del cubano despojado de
    principios elementales para la convivencia humana y de su dignidad personal.

    Procuraré resumir, aunque imperfectamente: La beneficencia y la
    mendicidad, son mecanismos sociales de auxilio a los más necesitados;
    mecanismos imperfectos, censurados porque se prestan a injusticia y
    vanidad de “los de arriba” y a estafa de falsos pobres. Pero, que, al
    cabo, redistribuyen algo la riqueza para aliviar necesidades.

    En Cuba, hubo hospitales, consultorios, orfanatos y ancianatos,
    sostenidos por particulares o sus asociaciones, iglesias, fraternidades,
    o por el Estado, ejercían la beneficencia brindando diversos servicios
    a los necesitados.

    Como los alimentos eran baratos y abundaba una solvente clase media
    trabajadora y comerciante que -además de apoyar obras benéficas-
    cocinaba de más, según tradición de convidar a la visita inesperada, los
    necesitados podían tocar a las puertas para pedir alimentos cocinados.

    Era dantesco el espectáculo de miles de mujeres y niños que al
    anochecer, con latas en las manos, salían del barrio de las yaguas –
    inmensa villa miseria habanera- para recibir alimentos de los vecinos de
    barrios cercanos.

    Fidel Castro tomó el poder en 1959 con inmenso apoyo popular y declaró
    innecesaria “la hipócrita beneficencia burguesa”, “la Revolución”
    acabaría con la pobreza, “nunca más volverán el hambre, la
    prostitución, la mendicidad, el desamparo de los niños y ancianos, la
    criminalidad, lacras del pasado capitalista”.

    En pocos años dedicó grandes recursos a construcción de viviendas donde
    ubicar a los pobres y mendigos, las villas miserias fueron demolidas
    teatralmente; construyó escuelas; aumentó los salarios, rebajó al 50%
    los alquileres, acabó con los prostíbulos y “reeducó” y empleó a las
    prostitutas.

    Acabó con el desempleo creando artificialmente empleos “para todos”,
    inflando las plantillas, fomentó escuelas internas (becas) beneficiando
    a los niños de familias pobres, empleó como militares a más de medio
    millón de cubanos y, como maestros, a centenares de miles.

    El estado paternal (Castro) absorbió la beneficencia, en sus necesidades
    todos acudían (y acuden) al Estado. La mendicidad desapareció casi
    totalmente. Todo el mundo tenía empleo y salario… pero desvinculados de
    la producción.

    La solución de los problemas personales y familiares ya no era deber
    personal y no tenía nada que ver con el trabajo de uno.

    El “estado proletario” no fomentó la clase obrera -imposible sin
    construir más industrias- sino una inmensa clase parásita de obreros y
    campesinos que no producen por falta de estimulo económico y por frenos
    estatales, inmensa burocracia, discursiadores revolucionarios
    profesionales, ingente ejército.

    Luego, acabó la luna de miel revolucionaria y vinieron las
    consecuencias: La inflación y la escasez por reducción de la
    productividad y por la rotura de los lazos económicos seculares con los
    EE.UU, de cuya economía era complementaria la de Cuba.

    Empeoró todo con los gigantescos planes económicos de Castro “para salir
    del subdesarrollo” -especie de apuestas a la ruleta de “todo por el
    todo”- que concluyeron por arruinar la economía.

    Y dejarla mendiga de la economía de la URSS y sobrecargada por los
    insostenibles planes paternales de asistencia social a los pobres, y
    haciendo Castro con Cuba una política internacional de gran potencia.

    Luego se hundió la URSS demostrando la ineficiencia propia del sistema y
    empezó la dependencia mendiga de Hugo Chávez. Y la explotación de los
    cubanos emigrados, quienes con sus remesas familiares sostienen a sus
    familias en Cuba y al Estado que las tiene como rehenes.

    Las remesas familiares devinieron en mecanismo de supervivencia para
    muchos, de diferenciación social para todos y de enajenación de la vida
    nacional: Es mendicidad de lujo y cívicamente castradora. Diferencia
    social según el consumo divorciada del trabajo o el mérito.

    Los beneficiados sobrellevan la crisis, se acostumbraron a vivir mejor
    sin trabajar, para ellos trabaja el pariente, y no sienten necesidad del
    cambio político, abominan del Gobierno, pero votan revolucionariamente
    en las farsas gubernamentales “para no buscarnos problemas”.

    Hasta los hay comunistas y chivatos comiendo de los dólares del enemigo
    y alabando un socialismo, que realmente no viven.

    Unos reciben lo mínimo para comer, otros gastan moto y bebidas con
    prostitutas adolescentes y desprecian a sus compatriotas sin dólares,
    todo a costa de un familiar que suda la camisa en una “factory”.

    Todo el proceso dejó en el subconsciente colectivo, sobre todo en “el
    hombre nuevo” las siguientes profundas convicciones: El trabajo personal
    es inútil para solucionarme problemas. Por tanto, no es vergonzoso no
    solucionar mis problemas y no trabajar.

    El estado paternal tiene el deber de solucionarme los problemas.

    Lo único que puedo hacer es escribir peticiones al Estado y cruzarme de
    brazos.

    Tengo derecho a recibir sin aportar nada, está bien que otro me dé cosas
    y me solucione los problemas.

    El índice que marca la categoría social es el consumo.- Y según ese
    criterio (muy generalizado entre los más jóvenes) la prostituta, el
    corrupto, el parásito de la familia, son superiores a los hambreados
    trabajadores, médicos, profesores.

    (Continuará).”

    http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=39185

    Mendicidad en La Habana (II)
    [23-04-2013]
    Jaime Leygonier

    (www.miscelaneasdecuba.net).- La Habana, Cuba. Prosigo con ejemplos de
    cómo en vez de “el espíritu proletario” fue la mentalidad parasita y
    mendiga la que prosperó en Cuba entre el pueblo y en el propio Estado.

    Con la escasez, se convirtió en normal, basado en cierto fondo de
    hidalguía propio del cubano, prestarse o regalarse productos unos a
    otros los vecinos. En Cuba no es ridículo pedir prestado un huevo o dos
    puñados de arroz, o regalarlo.

    No todos son generosos, también empezaron las peleas por “¿Quién se
    comió mi pan? (Por la cartilla de racionamiento recibimos un panecito
    diario).

    Y la molestia -o imposibilidad- de atender en sus necesidades a los
    hijos de anterior matrimonio, o a la madre anciana, que además ocupa una
    habitación o un camastro que despiertan la codicia de sus parientes.

    Los particulares y asociaciones que antes ejercían la beneficencia
    carecen hoy de solvencia económica para ello.

    Las iglesias, particularmente la Católica, tienen proyectos de ayuda a
    los necesitados y ello es fuente de explotación y chantaje por el
    Estado: Intermediario, juez y parte en las donaciones, que coge “la
    parte del león”.

    El manejo y reparto de estos recursos por las iglesias genera
    dependencia del estado, corrupción interna, lucha por puestos, falsos
    conversos que se acercan únicamente para recibir una blusa o una botella
    de aceite -otros se dedican al arribismo para ascender hasta manejar
    fondos o viajar al extranjero.

    Quien recibe ayuda de una iglesia no razona que recibe una limosna,
    amaestrado a “coger lo que me den”, “coger lo que me toca”, los hay que
    sin necesidad de esa ayuda, y hasta con desprecio por la Religión, se
    fingen necesitados para que le regalen alguna ropa usada, donada desde
    el extranjero.

    La mendicidad con los extranjeros en La Habana Vieja empezó desde que
    aparecieron turistas con moneda extranjera para tiendas en que no era
    válido comprar con la moneda nacional. Los niños los asediaban
    pidiéndoles chicles o centavos para golosinas.

    Pronto, padres inescrupulosos enviaron a sus niños a mendigar para
    ellos. El incremento de la miseria acrecentó la mendicidad y, no ya las
    cajeras de tiendas, !hasta el Estado explotó y explota la mendicidad!:
    El Historiador de La Habana, Dr. Eusebio Leal, colocó como atracción
    turística a mujeres disfrazadas de echadoras de cartas (a $1 U.S. dólar
    la buenaventura) o con trajes estrafalarios -falsos personajes típicos-
    que cobran a los turistas $1 dólar por fotografiarse con ellas.

    Tras esta disimulada explotación estatal de la mendicidad hay otra
    desembozada: Eusebio Leal -mendigo internacional de donaciones para la
    restauración de La Habana Vieja- pretendió recuperar la tradición
    supersticiosa de dar vueltas al árbol de ceiba del Templete el día de la
    fundación de la Ciudad…

    Pero la alteró impostándole algo ajeno a la tradición: El que la gente
    eche a los pies de la ceiba dinero … que luego recogen empleados suyos.

    Los bares restaurantes de La Habana Vieja cuentan con tríos, conjuntos y
    orquestas excelentes, músicos de escuela que si tuvieran oportunidad
    triunfarían en TV, radio y en el extranjero; pero en esos
    establecimientos estatales no les pagan un centavo por su trabajo.

    Los administradores les permiten tocar allí de gratis y como pago les
    conceden solamente el importe de los tragos con que como propina los
    convidan los turistas.

    Por todos los barrios de La Habana, los cubanos encontramos a niños que
    nos piden un peso para pan, los más tienen hambre, otros mendigan
    enviados por padres alcohólicos. Ancianos sin amparo filial se acercan a
    cafeterías particulares donde les regalan alimento.

    Donde quiera hay ancianos que piden: “Deme algo”, pero la inmensa
    mayoría se encierra en sus viviendas con su hambre; muchos reciben
    socorros de vecinas, pero éstas no siempre tienen.

    Y no faltan niños bien vestidos a quienes, si no les alcanza el dinero,
    les parece natural, en vez de acudir a sus padres, solicitar un peso a
    los transeúntes para completar la suma que necesitan para comprarse una
    pizza o golosinas.

    Como la imposibilidad de vivir del salario aumenta con los precios, y
    los alimentos racionados no alcanzan para comer durante todo el mes, la
    mendicidad de niños y ancianos crece, particularmente la de madres en la
    angustia de no tener leche para sus niños.

    Son los desfavorecidos, por carencia de las vías de altos ingresos
    vigentes, a saber: Corrupción. Ayuda económica de familiares en el
    extranjero. Negocios ilegales – por los que circula parte del dinero de
    las remesas hasta las manos de quienes no reciben esa ayuda. Crimen.

    En otra sociedad esas jóvenes que mendigan o estafan o se prostituyen
    satisfarían sus necesidades con su trabajo, el de su marido o su padre;
    aquí su penuria, o su deseo de acceder a migajas del Apartheid para
    extranjeros, únicamente puede satisfacerse con la mendicidad.

    Son “el hombre nuevo” en la recta final de la receta de “hagamos una
    sociedad justa” que proclamaron Lenin, Mao, Stalin, Castro, etc.

    Receta que aplican hoy en América Latina imitadores de Castro, y sirve
    para ganar al pueblo, beneficiado al principio, esperanzar a los más
    pobres, pero que dura poco y al despertar del “sueño de justicia” les
    cuesta pagar la cuenta de los platos rotos por el caudillo, con sumisión
    perfecta a él.”

    http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=39184

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