Prostitution in Cuba
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    Borrar los mitos del engaño

    Borrar los mitos del engaño

    [07-09-2012]

    Lucas Garve

    Fundación por la Libertad de Expresión

    (www.miscelaneasdecuba.net).- Es necesario casi siempre contar una buena

    mentira para construir una historia creíble. Muchas personas que hoy no

    pasan de los 40 años dan por sentado muchos mitos sobre el pasado nacional.

    Mitos cuidadosamente elaborados y echados a rodar con fines

    absolutamente políticos, pero que han reconstruido ante los ojos de

    muchos cubanos jóvenes una imagen distorsionada de aquella Cuba.

    Hace unos días atrás, una joven de apenas veinte años afirmó delante de

    mí que en la Cuba de antes del 59, se vivía del turismo, del juego y de

    la prostitución.

    Quien tenga hoy unos 60 años y más y haya vivido aquellos años y, desee

    decir verdad, tendría que explicarle con detalles cómo se vivía en

    aquella época. En mi tiempo disponible eso hice.

    Hay mitos que se construyeron después del 1959, y todos sabemos a quién

    pertenece tal imaginación maquiavélica, que lanzó al mundo el cuento

    chino de que Cuba era un casino de los norteamericanos o un país donde

    la mayoría de las mujeres tenían como única salida la prostitución. Y

    nada más alejado de la realidad.

    En La Habana, existieron casinos de juego, pero muchísimos menos que en

    París, Montecarlo, Acapulco, Río de Janeiro, por ejemplo, y aún no he

    escuchado a alguien decir que Francia es un país de prostitutas, a pesar

    de la vida alegre de los bulevares y de los sex shops de Pigalle, o que

    Mónaco se haya envilecido con el girar de las ruletas del Gran Casino, etc.

    También días atrás hojee un folleto de propaganda turístico de una

    pequeña editorial italiana y en la página se hacen eco del mismo cuento,

    Cuba era un casino de los norteamericanos antes del 1959.

    Esos vientos nos han traído otras tormentas, en el presente hay quien se

    especializa en pintar a los cubanos como seres dedicados al sexo, a la

    promiscuidad de la prostitución, a la delincuencia, a la violencia con

    el fin de combatir la imagen que el gobierno cubano pretende ofrecer.

    Sin embargo, no acabamos de reconocernos. ¿A quiénes interesa tomarnos

    ahora mismo como seres incapaces, prostituidos y desmoralizados?

    ¿Y por qué no reconocer las virtudes que podamos poseer los cubanos?

    ¿Cuál es el peligro de reconocer la verdad sobre la vida real en la

    República de antes del 59, sin los mitos del hambre, la miseria, la

    necesidad de sobrevivir a un desastre nacional?

    ¿Hasta cuándo seguir con la cantinela de que los cubanos no llegan o se

    pasan?

    ¿Por qué empañar la imagen del éxito e inteligencia demostrada por

    nuestros compatriotas tanto en Cuba y por todo el mundo?

    ¿Cuánto habría avanzado Cuba si estos últimos 50 años se hubieran

    invertido en desarrollar la inventiva personal y propiciar una verdadera

    justicia social a nivel personal, manteniendo alejada a la política de

    la economía del país?

    Aquí hay mucha gente que piensa lo mismo, lo único que no tiene medios

    donde comunicarlo a los demás.

    No hace mucho un chofer de taxi donde viajaba de retorno a la casa,

    afirmaba: "-Si a los cubanos nos dejaran la oportunidad de comerciar y

    vivir sin tanta prohibición y se acabara el burocratismo que nos ahoga,

    Cuba sería uno de los mejores países del mundo, porque mantendríamos

    nuestros códigos sociales".

    ¿Qué no me digan a mí y a usted que este hombre de pueblo no quiere un

    cambio? Sin embargo, ahí están los mitos y los estereotipos que entran

    en juego para detenerlo, inmovilizarlo, coartar sus deseos.

    No obstante, cada día la niebla del engaño pierde espesor, la retórica

    se hace más frágil y los mitos se desvanecen. De esto, debemos también

    ocuparnos. Entonces, ya estaremos preparados para conseguir darle un

    rumbo diferente a nuestras vidas.

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