Prostitution in Cuba
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    Alcona y las peleas de gallos en Cuba

    Guillermo García Frías, Corrupción

    Alcona y las peleas de gallos en Cuba

    Un centro turístico y de exportación de animales, dirigido por el

    comandante de la revolución Guillermo García Frías, es un ejemplo de las

    dos caras de la Isla

    Andy P. Villa, Guadalajara | 25/07/2012 11:10 am

    En 1991 un amigo nos invitó a visitar una extraña finca localizada en la

    carretera a Managua, en las afueras de Ciudad de la Habana. Era un lugar

    amplio, bien arreglado y organizado, donde se crían animales domésticos.

    Era especialmente atractiva la sección donde se guardaban en sus jaulas

    los coloridos gallos de lidia. Pero lo más significativo era una valla

    circular para peleas de gallos: grande, techada, formada por varios

    pisos con sus respectivos asientos.

    Cuando empezó la función de las peleas, el comandante Guillermo García

    ocupó el lugar mejor situado en la primera fila, rodeado de otros

    jerarcas del Gobierno y de las Fuerzas Armadas (FAR), y de varios

    extranjeros, todos latinoamericanos, en su mayoría mexicanos, que se

    habían trasladado a Cuba con sus gallos a participar en este evento.

    La fiesta se fue poniendo buena y al poco rato los participantes ya

    estaban apostando, agitando los dólares verdes del Imperio con una mano

    y con la otra sosteniendo una cerveza, entre gritos y carcajadas, en

    medio de la orgía de sangre animal.

    Yo contaba con solo 19 años y estaba acostumbrado a la represión

    policial hacia todo lo prohibido, recuerdo que le dije al amigo que nos

    había invitado:

    — ¡Oye, vámonos rápido de aquí antes de que llegue la policía y cargue

    con todo el mundo!

    A lo que mi amigo contestó riéndose:

    — No se preocupen, relájense, coman, beban cerveza y disfruten de este

    espectáculo que no se da todos los días. Esos uniformados de verde olivo

    que ven por todos lados son "la policía", que está aquí para cuidar el

    evento, no para llevarse a nadie.

    No era para menos mi preocupación, se estaban cometiendo, en aquellos

    tiempos, tres delitos graves a la vez, por los que había muchas personas

    cumpliendo prisión:

    - Tenencia de divisas.

    - Peleas de gallos prohibidas.

    - Juego y apuestas ilícitas.

    A cada rato iban llegando más personajes importantes, tanto en autos con

    chapa particular como de color blanco (ministros), o montando a caballo,

    que eran recibidos amablemente por el personal de la finca. Mi amigo nos

    iba ilustrando sobre quiénes eran: el general fulano de tal, el coronel

    mengano o el ministro tal.

    La función de nuestro anfitrión, por encargo de Guillermo García, era la

    venta de calzado femenino de importación en un quiosco situado cerca de

    la valla de gallos. Costaban de 20.00 USD en adelante y fueron bien

    vendidos a las esposas de los personajes del Gobierno y a las jineteras

    que acompañaban a los extranjeros.

    Yo solo conocía a dos personajes en aquella valla de lidia, uno era el

    comandante Guillermo García Frías, de haberlo visto en numerosas

    ocasiones en actos públicos en la televisión. Pero en las gradas estaba

    también un personaje que conocía muy bien, que se caracterizaba por ser

    prepotente y abusador, el presidente del Club Cubano del Perro Pastor

    Alemán (CCPPA), el señor Juan Montenegro, también conocido como "el

    Don", quien se había creado la fama de que podía hacer y deshacer a su

    gusto y estafar a quien le diera la gana, por ser un intocable protegido

    de varios generales del Ministerio del Interior.

    Montenegro también era famoso por poseer una valla de gallos clandestina

    en su residencia en la calle San Mariano esquina con Avenida de Acosta,

    en Lawton. La cual era un secreto a voces y donde se peleaban gallos

    frecuentemente, pero sin llegar a los niveles de Alcona.

    Esta es una buena estampa de las dos Cuba que siempre han existido en

    nuestra patria desde 1959. Aquella tolerante y complaciente de la que

    disfrutan los funcionarios del Gobierno y sus protegidos, que contrasta

    con la otra Cuba llena de prohibiciones y represión a la que es sometido

    el pueblo.

    Yo regresé a mi casa ese día más confundido que asombrado y con un

    chaleco de color gris que le obsequiaban a los visitantes de Alcona.

    http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/alcona-y-las-peleas-de-gallos-en-cuba-278746

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