Prostitution in Cuba
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    Avatares de un periodista independiente

    Periodismo

    Avatares de un periodista independiente

    Iván García

    La Habana 31-05-2012 – 12:19 pm.

    Fuentes inciertas, amenazas veladas, miedo, a cuentagotas.

    ¿Cómo transcurre el día a día de un en Cuba?

    El peor día de la semana para concertar una cita con una persona que

    presuntamente tiene una buena historia que contarte es cuando debes

    acudir a internet.

    En mi caso suele ser los lunes. Después de pagar 15 pesos convertibles

    por dos horas en el céntrico Saratoga, a la velocidad de la luz me

    informo de lo que acontece en el mundo, leo enfoques sobre el tema

    cubano en diferentes medios y, si el dichoso reloj que marca el tiempo

    me da margen, respondo algún .

    Precisamente un caluroso lunes del mes de mayo, una mujer deseaba con

    urgencia verse conmigo en algún punto de La Habana. Planifiqué la cita

    para pasadas las tres de la tarde, después de navegar en la red. En la

    isla, las personas siempre creen que la información que poseen es de una

    importancia vital.

    Al salir del hotel, un sol de plomo desalentaba a cualquier caminante.

    Trasladarse al otro lado de la ciudad, incluso en viejos autos de diez

    pesos, a veces se torna complicado.

    Cuando llegué, caía un aguacero primaveral con rayos y truenos. La mujer

    me estudió de arriba abajo, temerosa y preocupada. Para muchos cubanos,

    los disidentes y reporteros libres somos una especie de seres

    provenientes de otro mundo.

    La gente común no tiene una respuesta a la hora de clasificar a esos

    tipos que se lanzan desde una montaña sin paracaídas y públicamente a

    informar del gobierno de los Castro.

    Terminado su análisis visual, la señora me contó su historia. Llegó a mí

    por un amigo opositor que periódicamente le pasa unos resúmenes

    noticiosos de lo que se escribe sobre Cuba, preparados por la Oficina de

    Intereses de en La Habana. La mujer había leído un

    trabajo mío sobre la prostitución, y le pidió a su amigo mi teléfono.

    Ella quería que escribiera sobre un percance acecido a su hija. Una

    historia, como muchas, del típico acoso sexual de un gerente de una

    instalación de . El hombre acorralaba descaradamente a la

    muchacha. Al ver que la chica no aterrizaba en su cama, al poco tiempo

    le cerró la contrata.

    Tomé nota y le dije que escribiría una historia. Ese mismo día, un

    vecino del barrio, bajando la voz, me dijo que alguien quería conocerme.

    Otro indignado más. Lo habían echado de su trabajo, donde cobraba un

    estímulo en divisas, y casi lloroso me confesó que se decidía a dar ese

    "paso" (hablar conmigo) obligado por las circunstancias.

    "Soy un revolucionario cabal, con montones de misiones

    internacionalistas y mira lo que me hacen", me señaló, mostrándome una

    carpeta repleta de papeles y diplomas.

    Al día siguiente, una jinetera residente en un hogar comparable a un

    pequeño infierno, se me acercó.

    El jefe de sector le había levantado varias actas de advertencia. Y ante

    la amenaza de cárcel, quería contarme algunas cosas. Aseguró que había

    noches que debía "templarse" a varios policías a cambio de que la

    dejaran jinetear en un centro nocturno del casco histórico de la capital.

    A todas estas personas las escucho con paciencia. No aceptan que les

    grabe. Y mucho menos que les tire fotos. De seguir las reglas de los

    manuales de periodismo, son historias para verter en la papelera de

    reciclaje.

    Pero la angustia que veo en los rostros siempre me anima a contar sus

    avatares. Me gusta escribir sobre los perdedores. Con omisiones y sin

    todos los elementos a mano. Un periodismo incompleto. Con fallas.

    Con fallas, porque ninguna institución oficial te autoriza a citarla ni

    te ofrece las cifras o estadísticas solicitadas. En Cuba todo es

    difícil. Y para rastrear información hay que tener súper poderes.

    Los manuales de periodismos no los arrojo al cesto, pero la mayoría no

    son aplicables a las condiciones cubanas. Ésta es una nación

    inverosímil, donde las fuentes no dan la cara por temor y en ocasiones

    te informan de rumores, nada en concreto.

    Pero en Cuba los rumores suelen tener más peso que una noticia emitida

    por la agencia de prensa local. "Radio bemba" no es una buena fuente

    para los medios internacionales. Pero después de bajar un litro de ron,

    "la fuente" te ofrece más detalles que un pleno del Partido a puertas

    cerradas.

    Saber discernir entre una buena historia y chismes de oficina depende

    del olfato del . Los casos sociales de barrios marginales y las

    injusticias burdas del aparato judicial no son hechos aislados.

    Si un día algún reportero que me lee visita La Habana, le sugeriría que

    se llegue al bufete independiente de la abogada Laritza Diversent, en El

    Calvario, barriada marginal al sur de la ciudad.

    Las carpetas desbordan su buró. La mayoría de los casos que lleva

    Diversent son de ciudadanos pobres con un desconocimiento jurídico

    atroz, que luego de tocar sin éxito en las puertas de instituciones del

    Estado, tratan de solucionar sus problemas remitiéndose a las "personas

    de los ", como la población le dice a los disidentes.

    En cuanto a mí, ya los tipos duros de la Seguridad no pierden el tiempo

    amenazándome. Excepcionalmente, si escribo algo que toca a los cuerpos

    militares, me puedo llevar un regaño o una citación .

    A veces las reprimendas vienen de algunos opositores, cuando consideran

    que las críticas expuestas en una crónica han sido desmesuradas o

    inadmisibles. Ahora ha surgido un nuevo actor, que gracias a Dios no

    tiene el poder intimidatorio de los servicios especiales: la iglesia

    católica cubana.

    Hace un tiempo, publiqué en DIARIO DE CUBA un artículo denunciando un

    caso de nepotismo con bienes de la iglesia por parte del Cardenal Jaime

    Ortega. Alguien cercano al entorno eclesiástico me requirió: "Estás

    llenándote de mierda con personas que son las únicas que pudieran

    tenderte una mano".

    Me gusta coger el toro por los cuernos y respondí: "Si el Cardenal,

    porque fue a quien mencioné, considera que es un invento o una patraña,

    puede acusarme por difamación. ¿Tú sabes por qué no lo hace? Porque lo

    que dije es rigurosamente cierto. Nadie me lo contó. Vivo en el

    apartamento que queda al lado del caso mencionado".

    Así transcurre una semana promedio de un periodista independiente. Entre

    gente anónima que te cuenta sus asuntos personales, amenazas veladas,

    navegando a duras penas por internet. Pero las historias siguen ahí. En

    la calle. Aunque haya quienes no deseen verlas.

    http://www.diariodecuba.com/cultura/11310-avatares-de-un-periodista-independiente

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