Prostitution in Cuba
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    Más turbadores del orden público

    SOCIEDAD
    Más turbadores del orden público
    Odelin Alfonso Torna

    LA HABANA, Cuba – Abril (www.cubanet.org) – Caminar por las calles de la
    Habana, percibir su entorno social y una urbanización en detrimento, nos
    lleva a pregunta: ¿en qué sistema social andamos?

    Realmente, está muy lejos de ser socialismo, y menos cerca de
    considerarse capitalismo por necesidad. Creo asociarlo más al
    neoliberalismo y su onda de integración económica, donde el concepto de
    patriotismo, junto a los valores morales y nacionales pasan a un segundo
    plano. De no ser así, puede catalogarse como un fenómeno o una
    malformación social sui géneris de consecuencias catastróficas.

    Son muchos los elementos que degradan nuestra sociedad socialista, faro
    y guía de los pueblos del tercer mundo, según los oradores que envejecen
    en el poder totalitario.

    Se hace difícil entender que algunos colegiales al salir de la escuela
    trepen a los ómnibus en pleno movimiento, a la vista de profesores y
    agentes del orden público. Que las jineteras (gremialistas del sexo
    desautorizado) sean encerradas en los calabozos para beneplácito de
    oficiales y carceleros. O que un anciano, como norma diaria, recopile
    para el almuerzo cinco pesos, aunque para ello tenga que permanecer por
    horas desfallecido en portales y semáforos de La Habana.

    Son sólo tres ejemplos visibles de un proceso que se denomina
    revolucionario.

    Recientemente, en una ruta 213, rompió en llanto una joven, al tiempo
    que gritaba ¡descarado, descarado! No entendía qué pasaba. Sólo vi
    apearse del ómnibus a otro joven de buen aspecto y con un portafolio en
    la mano. El sujeto corrió con el viento y la suerte a su favor hasta
    perderse en una de las entrecalles.

    Me acerqué a la muchacha y pregunté qué pasaba, lo que no hizo un
    oficial de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) que viajaba en el
    ómnibus, y que se encontraba cerca de la puerta por donde bajó el hombre
    del portafolio.

    Se trataba de un acto de depravación, un sujeto masturbándose sobre
    ruedas, detrás de su victima y con un portafolio como telón que tapaba
    su ofrenda masculina. Era una proximidad excesiva, casi una fusión de
    dos motivada por la guagua llena, circunstancia que aprovechó el
    "disparador". Regularmente, nadie ve nada, o no quiere ver nada. ¿Para
    qué buscarse más problemas de los que ya tienen?

    Quiero comentar sobre este tipo de individuo, del que poco se habla en
    los medios, los llamados "masturbadores del orden público". No puede
    achacársele a la dictadura como uno de sus "logros sociales", pero si un
    elemento más que ha ido ganando espacio en las calles y al que las
    autoridades le dan poca importancia.

    Quizás sea un tema impúdico a tratar, pero necesario para el
    conocimiento de cubanas y cubanos.

    En Cuba se conocen como tiradores, disparadores, escopeteros o
    fusileros. Generalmente, estos irracionales operan en las periferias de
    la ciudad. Pasan inadvertidos entre la gente, en puentes, carreteras o
    puntos de control. Tratan de apartarse de las aglomeraciones, buscando
    sitios estratégicos para la depravación. Otros, los más temerarios, se
    pueden detectar en un transporte público, una Terminal de ómnibus y
    hasta en un centro hospitalario.

    El antiguo comedor en ruinas del hospital clínico quirúrgico 10 de
    Octubre, anteriormente conocido como Quinta Dependiente, es un verdadero
    puesto de artillería para estos desquiciados. Cualquiera puede ser un
    blanco perfecto, desde una hermosa fémina hasta una anciana.

    Estos sujetos se mueven de un lugar a otro, pueden escandalizar los
    portales de Cuatro Camino y el Barrio Chino, en Centro Habana o el Casco
    Histórico de la Habana Vieja. Su horario es abierto. Mientras la
    necesidad apremie, el deber enfermizo está por delante.

    En las periferias de la capital se hacen habituales. Utilizan los
    puentes de San Pedro, municipio Cotorro y el paso superior de la calle
    100 y Boyeros, en Altahabana, por citar algunas zonas de operación.
    Pueden tomar posición detrás de una columna de hormigón o encima de un
    arbusto. A pesar del camuflaje son detectables, especialmente por las
    féminas, quienes poseen un sexto sentido para estos gendarmes del sexo,
    siempre de guardia.

    La policía suele ignorarlos, por miedo, o por ser paisanos del oriente,
    la tierra caliente. No debe haber código penal para ellos. Encerrarlos
    en un calabozo, más que una atracción, es un peligro potencial.

    Un amigo del barrio decía en tono jocoso: "son tantos los efectivos que
    se puede hacer otra revolución".

    De momento, en lo que el palo va y viene, aconsejamos a chicas y chicos
    no deambular por sitios desolados donde asecha un enemigo social, otro
    de tantos.

    odelinalfonso@yahoo.com

    http://www.cubanet.org/CNews/y07/apr07/20a9.htm

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